Marinoff, Más Platón y menos Prozac.
Son las cuatro de la madrugada de una excelente noche de insomnio. Así que he aprovechado y recuperado el blog este de mis desvelos (porque solo escribo entradas en los desvelos; cuando no, estoy durmiendo).
Vale, comenzaré a comentar un libro que he empezado a leer ilusionado hace poco. Muy poco, y que me voy administrando en dosis pequeñas, no por tostonazo, sino por decepcionante. No lo he terminado, así que la actual crítica alcanza solo a las primeras páginas, pero ya digo que voy despacio, porque me detengo a matizar en voz alta cada párrafo y si no fuera prestado lo tendría lleno de comentarios indignados.
Más Platón y menos Prozac.
Trataré de ordenar mis argumentos pero no sé si lo conseguiré. No tengo el libro delante, y ya digo que son las cuatro de la madrugada y velar me sienta de sueño, que no de miedo.
Más Platón y menos Prozac.
Para empezar, no puedo estar más de acuerdo. El modelo médico de las enfermedades mentales nos ha alejado paulatinamente de las defensas racionales que tenemos para enfrentar los retos cotidianos: todo se “patologiza”, todo signo tiene un nombre de síndrome, todo sigue el modelo “biologicista”, y todo se medica: la patología y la normalidad, esa cada vez más. Arrastrada por estas corrientes, la Psicología sigue el mismo rumbo nefasto: todo malestar es patológico, todo lo patológico debe ser tratado y enfocado como enfermedad. Y ya no diferenciamos lo anormal de lo normal.
La conclusión: recuperemos la línea de la prudencia, el principio de no intervenir médicamente si no es necesario y si no está claro que el beneficio de la intervención superará los costes de no hacerlo.
Vale. Hasta aquí, estupendo. ¿Para qué medicar en los casos en los que aumentando los recursos de reflexión de la persona esta supera sola su dificultad? Y también, ¿para qué someter a terapia, aunque sea sin fármacos?
Comparto estas opiniones, y añadiré, que lo que les pasa a la Psicología y a la Medicina moderna es que han perdido simultáneamente humanidad y humanidades. Humanidad por que el alejamiento del objeto tratado (¡que son personas!) en pos de la objetividad ha llevado a los profesionales a un mecanicismo excesivo, a volverse, como ya he dicho más mecánicos que guías, y sacerdotes de la actual tecnomagia repleta de jerga, intocable para el profano. Y de humanidades porque buena parte del alejamiento de la realidad de los profesionales se debe a la incultura: médicos y psicólogos se han especializado tanto en sus disciplinas que han olvidado formarse en el resto de conocimientos. Han olvidado que se conecta con las personas contando historias, que las claves de muchos comportamientos están en el teatro, en la mitología griega, en los cuentos de Grimm. ¿Qué fue de los médicos y psicólogos cultos, capaces de hacer un informe profesional y de citar a los clásicos, de redactar con soltura, gracia y corrección, y de disfrutar con la ópera? Quedan pocos de esta escuela: ahora todos saben las técnicas a fondo, pero no saben nada más, por tanto, cualquier cosa les asombra y les asusta,… Les asaltan las dudas, y en lugar de ver la vida con naturalidad, empujan con más fuerza con sus herramientas de antibióticos, de técnicas de modificación de conducta, o de PNL, o de la moda médica que toque. Así, quedan por ejemplo los médicos vulnerables y sin criterio, y terminan diciendo y defendiendo majaderías (como esa estupidez de que el estrés que sufre una embarazada por renunciar al tabaco provoca mayor riesgo que los daños potenciales al feto si sigue fumando). Una, con perdón, gilipollez. O recetan sin diagnóstico previo, una irresponsabilidad.
PERO, y ahora es cuando Marinoff mete la pata, una y otra vez, con sus argumentos.
Lo primero que defiende el condenado es que su libro no es un libro de auto ayuda más… A continuación, adopta el mismo estilo paternalista que tiñe muchos libros de autoayuda, tratando al lector no como un lector medio, sino como a un idiota inculto. Sé que la gente ve la palabra Filosofía y lo asocia a un discurso abstruso, difícil y aburrido… Pero dedica tanto esfuerzo en usar frases para alejar ese miedo que uno termina pensando si seré imbécil o algo, para que el autor me tenga que tratar como a un colegial inculto. Así que, en ese sentido, un libro de autoayuda más.
El segundo error, y este tiene miga, que se dice, es confundir toda la población lectora como inmersa en los mismos vicios culturales que denuncia. Lamento comunicar al señor Marinoff que los EE.UU. son una parte de la población mundial, y que dentro de ella se está dirigiendo casi con exclusividad a una parte concreta y pequeña de ella: los vicios culturales, científicos y sociales que describe afectan a buena parte de su sociedad, pero no a toda, ni así. Y, conforme uno se aleja de esa sociedad de clase media, poco leída, profesional, terapeutizada, menos sentido va teniendo parte de la crítica y menos da en el blanco de la comprensión de sus ideas, hasta qua no queda nada. ¿Servirá de algo parte de su planteamiento en la comunidad hispana, negra, china, judía ortodoxa estadounidense? Lo dudo. Lo dudo mucho. Marinoff critica usos y costumbres medicalizantes propios del ámbito social en el que él se mueve, el académico. Adapta el mundo al suyo, que conoce, y cree encontrar la panacea. Pero para entonces ya se ha perdido y no sabe bien donde va.
El tercer error es hijo de los anteriores: comienza a criticar las disciplinas de la Medicina y de la Psicología en algunos de sus aspectos criticables, cierto, pero en busca de la comprensión rápida pasa por la superficie de algunos asuntos tan rápido y tan a la ligera que termina criticando algo que no es cierto. ¿Exactamente qué critica Marinoff?
Hablaré de la Psicología, que conozco. Algo sabe de ella el señor Marinoff, pero no lo suficiente. Primero no establece adecuadamente las diferencias entre corrientes conceptuales y usos clínicos. Existe en su discurso una mezcla extraña en la que no queda claro qué es terapeuta (sin titulación para ejercer allí en U.S.A., cosa al parecer frecuente), qué es Psicólogo, qué es psicoterapeuta, qué es psicoanalista, y qué es psiquiatra. Él sí parece saberlo, pero no parece que dedique lo suficiente en que lo sepan los demás. En un país donde cualquiera con dinero crea una Universidad, define unos planes de estudio, y a continuación expide títulos aparecen aberraciones (como una en la que enseñaban a levitar, y no es broma), y él no se molesta en aclararlo. No le interesa, claro, dedicado a la venta de su asesoría filosófica. Puede que sea cosa del traductor, pero salvo que el traductor haya ordenado también la secuencia argumentativa dentro de los capítulos apostaría a es cosa suya.
Cuarto error, por omisión: Critica Marinoff con razón que los síndromes psiquiátricos se decidan por votación en las convenciones de la Asociación Psiquiátrica Americana, y que por tanto, se les resta “cientificidad”, y se les tiñe de intereses económicos de mano de los laboratorios. Bueno, esto es cierto. Pero a continuación de su denuncia omite que las críticas más duras a este procedimiento provienen de los mismos médicos y psicólogos que son concientes a un nivel mayor de las dificultades de este proceder. No cita, ni parece interesarle, ni uno solo de los artículos críticos contra esta práctica que existen, ni a sus autores. Casi parece que el descubrimiento sea suyo y su crítica, demoledora. Pero su crítica es fuerte porque está sustentada en hombros de otros, que previamente a él también criticaron, y como eran especialistas en eso mismo que criticaban, tenían mejor fundamento.
Quinto error, por monopolio. Presenta Marinoff una serie de ideas de la lógica y de la ciencia como un discurso exclusivamente filosófico: nosotros los filósofos decimos esto y llamamos esto así. Pero alguno de sus argumentos (sesgos cognitivos) no son fruto de la Filosofía, sino de la Psicología, y los filósofos los llaman así, como también los llaman otras personas de otras disciplinas, sin que los filósofos puedan atribuirse más que el bautizo, y a veces ni eso. Supongo que habla de lo que conoce, pero ya que él ha citado a Maslow en su libro (¡psicólogo!) yo también lo haré: cuando la única herramienta de que se dispone es un martillo, muchos problemas adoptan la forma de clavos.
Sexto error, reduccionismo: tan ufano está en ser sencillo y comprensible y en disfrutar de su juguete argumentativo que no se da cuenta de que solo está atacando una rama de la Psicología, la de la práctica clínica. Los descubrimientos e ideas no patologizantes de la Psicología Básica, de la Psicología Experimental, de la Psicología Educativa… ¿Para qué hacer saber que sin este corpus la práctica clínica en psicología carece de sentido?
Séptimo error: dedica demasiado tiempo a criticar unas prácticas de terapia que por su formato son herederas del psicoanálisis menos evolucionado. Vamos, que ya no deberían usarse y que ni siquiera defienden como adecuadas buena parte de los psicoanalistas actuales. Bueno, puede que se sigan usando en yankilandia, que no lo sé hasta ese punto. Pero a mi no se me ocurre criticar la frenología en los tiempos que corren solo por poder encontrar ígnaros que crean en ella. Tenderé a criticar corrientes de pensamiento que se consideran actuales y por tanto correctas. Lo demás, casi ni citarlo.
Y por último, el error que me parece más lamentable: ¡un error del discurso lógico!
Dice Marinoff que psicólogos y psiquiatras (y terapeutas de todo origen) caen en una falacia lógica llamada
Post hoc, ergo propter hoc. Esta falacia consiste en tender a pensar que porque dos fenómenos se hayan dado uno detrás de otro en el tiempo, el primero es causa del segundo. ¿Dónde está el error de Marinoff? Sencillamente en que aunque los psicólogos podamos tender a caer en este error, caer en él no hace que defendamos que los fenómenos antecedentes sean necesariamente causa de los que aparecen luego siempre. Una cosa es que uno se equivoque, y otra que defienda el error como adecuado. Los estudiosos de la conducta humana estamos muchos años estudiando y repitiéndonos hasta la saciedad unos a otros (tratando de reducir este error en nuestra práctica cotidiana) que no solo correlación entre fenómenos no implica causalidad, sino que el ser humano es un tipo de animal cuyo comportamiento está muchas veces movido por variables que aún están por suceder. ¿Qué últimamente muchos psicólogos y psiquiatras olvidan prevenirse contra este error? Cierto es. Pero cuidado Marinoff, criticar a la persona en vez de al argumento es un error (ad hominem) y criticar algo que no es exactamente el objeto real del argumento, sino que solo lo parece por estar cerca es otro mucho mayor (falacia del hombre de paja). Se puede criticar que nos equivoquemos con frecuencia por no prevenirnos, pero en absoluto pensamos que por sistema las causas del comportamiento presente de las personas sea consecuencia exclusiva de su pasado, ni que solo exista una causa para cada fenómeno conductual. Dado que no defendemos esto, Marinoff solo puede acusarnos de que algunos de nuestros colegas se equivocan, pero no de que este sea el procedimiento correcto. Es como culpar a la mala construcción del coche la imprudencia de su conductor.
Y todo esto lo digo porque Marinoff parece considerar este error una debilidad de la Psicología, en lugar de una debilidad del psicólogo de turno.
Seguiremos comentando conforme lea un poco más.
Buenos días a todos
S.
P.D. Por cierto, que dudar de los criterios de la APA solo por el riesgo de tener algunos intereses se llama Ad hominem circunstancial. O somos lógicos por completo o no lo somos, pero pretender debilidad en la posición atacada por errores de lógica y aliñar la propia con otros iguales no es buen rumbo. Use Marinoff argumentos racionales, pero no pretenda reducirlo todo a preposiciones lógicas, que esto no es una clase magistral de Lógica, y no siempre la Lógica condice a la verdad, por más que ayude.