La ruta
Hace unos años, unos cuantos, tal y como cuenta Zirbeth, disfrutamos ambos de un estupendo campamento en Doñana. Entre los muchos peligros que amanazaban el magnífico entorno del parque se encontraban dos, se encuentran, en realidad: la especulación urbanística y la masificación rociera.
Entiendo que antaño, cuando semejante rito tenía un significado para las poblaciones cercanas, cuando permitía el encuentro cultural antropológico de solo varios centernares de personas y había quien, por ejemplo, buscaba su propia fertilidad rezando e incrementando las posiblidades de contactos sexuales (para qué nos vamos a engañar, y es que el alcohol, el calor, y el gentío inducen al milagro) este acto fuera útil. Pero actualmente ha cambiado, y la devoción, que no es entonces fuera mucho mayor en realidad, se ha contagiado de fanatismo e intereses comerciales. Y de ganas de juerga. La supuesta peregrinación a través del parque es poco que más un largo botellón de disfrazados, donde los intereses dinerarios de más de uno resultan beneficiados. Y en el proceso, la horda de miles avanza dejando a su paso un rastro de basura, riachuelos desfondados y destrozos varios. Pero claro, nadie puede decirlo porque se ofende la devoción de los peregrinos. Estoy convencido de que quienes más se ofenden son los más falsos y los menos devotos de todos los asistentes, ya que el devoto auténtico es enemigo de la falsedad y de la destrucción, por lo que conozco. Una canción clamaba "mata rocieros y salvarás Doñana" (¿Los muertos de Cristo?). Bien, aunque se trate de una soflama irreal y exagerada, no puedo dejar de compatir la indignación que transcribe. Mejor harían esos miles de hipócritas de carromato en renunciar a su festejo de una vez por todas y dejar en paz al empavorecido parque, o las autoridades en limitar el aforo, como se hace en las construcciónes arqueológicas delicadas. El que quiera juerga, que se busque las mañas para no molestar y podrá tener toda la que quiera ¿o es que acaso esos zamburrios no protestarían si en sus barrios, delante de sus casas, todos los años unas decenas de energúmenos destrozaran bancos y farolas, se mearan en los portales y dejaran todo cubierto de mierda? Seguro que sí. Pero claro, como la religión es la excusa y los árboles no chillan.
Entiendo que antaño, cuando semejante rito tenía un significado para las poblaciones cercanas, cuando permitía el encuentro cultural antropológico de solo varios centernares de personas y había quien, por ejemplo, buscaba su propia fertilidad rezando e incrementando las posiblidades de contactos sexuales (para qué nos vamos a engañar, y es que el alcohol, el calor, y el gentío inducen al milagro) este acto fuera útil. Pero actualmente ha cambiado, y la devoción, que no es entonces fuera mucho mayor en realidad, se ha contagiado de fanatismo e intereses comerciales. Y de ganas de juerga. La supuesta peregrinación a través del parque es poco que más un largo botellón de disfrazados, donde los intereses dinerarios de más de uno resultan beneficiados. Y en el proceso, la horda de miles avanza dejando a su paso un rastro de basura, riachuelos desfondados y destrozos varios. Pero claro, nadie puede decirlo porque se ofende la devoción de los peregrinos. Estoy convencido de que quienes más se ofenden son los más falsos y los menos devotos de todos los asistentes, ya que el devoto auténtico es enemigo de la falsedad y de la destrucción, por lo que conozco. Una canción clamaba "mata rocieros y salvarás Doñana" (¿Los muertos de Cristo?). Bien, aunque se trate de una soflama irreal y exagerada, no puedo dejar de compatir la indignación que transcribe. Mejor harían esos miles de hipócritas de carromato en renunciar a su festejo de una vez por todas y dejar en paz al empavorecido parque, o las autoridades en limitar el aforo, como se hace en las construcciónes arqueológicas delicadas. El que quiera juerga, que se busque las mañas para no molestar y podrá tener toda la que quiera ¿o es que acaso esos zamburrios no protestarían si en sus barrios, delante de sus casas, todos los años unas decenas de energúmenos destrozaran bancos y farolas, se mearan en los portales y dejaran todo cubierto de mierda? Seguro que sí. Pero claro, como la religión es la excusa y los árboles no chillan.

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