A vueltas con el conflicto palestino-libanés-israelí
En este asunto de Israel a un paso de entrar en el Líbano (¡otra vez!) cuesta mucho ser crítico sin terminar tachado de antisemita. Pero la verdad terrible e innegable es que bombardear de esta forma poblaciones enteras donde se mezclan miles de niños con unos cuantos terroristas (siempre menos de estos que de aquellos, claro) es la mejor forma de terminar transformando a aquellos en estos, es decir: a los niños de ahora, en los terroristas de mañana. ¿Acaso es tan difícil darse cuenta de que la familia aterrorizada, bombardeada, mutilada, sumida en el desespero de la ausencia de empleo, salud y futuro, es el mejor caldo de cultivo de jóvenes sin autoestima, sin salida, sin defensas, que son presa fácil para los sectarios de turno deseosos de ponerles un fusil en la mano o un kilo de explosivo en la cintura? No veo, por más que me esfuerzo, ninguna diferencia entre la israelí a la que le cayó un misil en la terraza y la palestina a la que le ocurrió exactamente lo mismo en su patio. Ambas son víctimas de un absurdo, con dirigentes y gobernantes bien resguardados en sus domicilios, dando las órdenes de la injusticia porque el fin, su fin, justifica los medios.
No será, no, usando el ejército como Israel terminará con las inmolaciones. Y eso está claro. Es por tanto, injusto su proceder, y solo incrementará la violencia del futuro. ¿Antisemita? En absoluto. Por si no se han dado cuenta los guardianes de lo correcto, ni la procedencia geográfica, ni la étnica, ni la religión no tiene nada que ver con mi crítica. ¿Acaso no es cierto que en el Estado de Israel no toda la población es judía? ¿No hay también, aunque en minoría, ateos, musulmanes, cristianos, y de diferentes tendencias y orígenes geografico-lingüísticos? No es Israel un concepto religioso, lo es político, y la identificación simplificadora solo favorece a los terroristas, sean musulmanes o judíos. El crimen contra Palestina es de Israel, no de los judíos ni del judaísmo, conceptos ajenos a la infamia, salvo por manos de los aprovechados. Por más que el estado de Israel se fundará con intención reparadora y salvífica del maltratado pueblo judío.
En todo crimen resulta sensato fijarse siempre en quien se beneficia. Beneficiados resultan los dirigentes partidarios del terrorismo islámico, que salvo que les caiga en la cabeza el misil israelí de turno, mantendrán un estatu cuo que les permitirá dar sentido a sus miserables existencias, llenar sus estómagos, y vivir por encima de la ruina de sus conciudadanos, eso si no mejoran las cosas y termina el conflicto, porque entonces podrán reciclarse como políticos de pro, y pasar el mundo de las comisiones, los favoritismos y los contratos millonarios. Peor es la tajada política que pueden obtener miembros del gobierno de Israel; a río revuelto, ganancia de pecadores. Obtendrá su prestigio, su paso por la historia, sus contratos de armas, sus contactillos con los dueños del dinero cómodamente sentados en los USA, y a saber qué más. Y el agua, claro, porque en parte esto es una lucha por agua. Los acuíferos de la zona trazan una línea en el mapa sospechosamente coincidente con las fronteras, los conflictos, o los territorios que se ocupan. Resulta todo muy antropológico, al estilo de Marvin Harris.
No señores, no. La barbarie no es justificable y no puede defenderse lanzando a la cara de quien la critica colores de piel, religiones, pertenencias étnicas ni cualquier otra circunstancia pueril e irrelevante. Si usted, para defenderse de unos secuestradores, bombardea una familia, usted es un bárbaro (y más cosas, so cabrón). El resto son excusas, cortinas de humo, y cosas que sobran.
P.D: Aprovecho para comentar que cuando el señor embajador de Israel protesta por alguien que compara en los periodicos el holocausto con los padecimientos de los palestinos comete un error de concepto. Los hechos no son comparables, pero no por la diferencia en él número de víctimas, ni por la sistematicidad. No son comparables sencillamente porque el dolor humano nunca lo es. Es tan absurda la comparación como aquellas familias víctimas de un fallecimiento que, al acudir a terapia de grupo, comienzan a comparar sus fallecidos a ver cual de ellas lo pasó peor: tu perdiste a tu hijo, pero yo a dos. Sí, pero a ti te dio tiempo a despedirte. No, pero lo mío fue cáncer, etc. Dolorosamente absurdo ¿no? Pues esto es lo mismo. Por eso y solo por eso no es comparable el holocausto con nada. Si lo único que se le ocurre al señor embajador es citar números y sistemas, el señor embajador es uno de los que se benefician del conflicto, a buen seguro. O entonces ¿cuando debería detenerse Israel, al llegar a los seis millones de palestinos muertos? Memo.
¿Qué con quien estoy? ¿No resulta obvio? Como decía Eduardo Haro Teglen: con las víctimas, siempre con las víctimas. Sea quien sea la víctima.
Un saludo
S.
No será, no, usando el ejército como Israel terminará con las inmolaciones. Y eso está claro. Es por tanto, injusto su proceder, y solo incrementará la violencia del futuro. ¿Antisemita? En absoluto. Por si no se han dado cuenta los guardianes de lo correcto, ni la procedencia geográfica, ni la étnica, ni la religión no tiene nada que ver con mi crítica. ¿Acaso no es cierto que en el Estado de Israel no toda la población es judía? ¿No hay también, aunque en minoría, ateos, musulmanes, cristianos, y de diferentes tendencias y orígenes geografico-lingüísticos? No es Israel un concepto religioso, lo es político, y la identificación simplificadora solo favorece a los terroristas, sean musulmanes o judíos. El crimen contra Palestina es de Israel, no de los judíos ni del judaísmo, conceptos ajenos a la infamia, salvo por manos de los aprovechados. Por más que el estado de Israel se fundará con intención reparadora y salvífica del maltratado pueblo judío.
En todo crimen resulta sensato fijarse siempre en quien se beneficia. Beneficiados resultan los dirigentes partidarios del terrorismo islámico, que salvo que les caiga en la cabeza el misil israelí de turno, mantendrán un estatu cuo que les permitirá dar sentido a sus miserables existencias, llenar sus estómagos, y vivir por encima de la ruina de sus conciudadanos, eso si no mejoran las cosas y termina el conflicto, porque entonces podrán reciclarse como políticos de pro, y pasar el mundo de las comisiones, los favoritismos y los contratos millonarios. Peor es la tajada política que pueden obtener miembros del gobierno de Israel; a río revuelto, ganancia de pecadores. Obtendrá su prestigio, su paso por la historia, sus contratos de armas, sus contactillos con los dueños del dinero cómodamente sentados en los USA, y a saber qué más. Y el agua, claro, porque en parte esto es una lucha por agua. Los acuíferos de la zona trazan una línea en el mapa sospechosamente coincidente con las fronteras, los conflictos, o los territorios que se ocupan. Resulta todo muy antropológico, al estilo de Marvin Harris.
No señores, no. La barbarie no es justificable y no puede defenderse lanzando a la cara de quien la critica colores de piel, religiones, pertenencias étnicas ni cualquier otra circunstancia pueril e irrelevante. Si usted, para defenderse de unos secuestradores, bombardea una familia, usted es un bárbaro (y más cosas, so cabrón). El resto son excusas, cortinas de humo, y cosas que sobran.
P.D: Aprovecho para comentar que cuando el señor embajador de Israel protesta por alguien que compara en los periodicos el holocausto con los padecimientos de los palestinos comete un error de concepto. Los hechos no son comparables, pero no por la diferencia en él número de víctimas, ni por la sistematicidad. No son comparables sencillamente porque el dolor humano nunca lo es. Es tan absurda la comparación como aquellas familias víctimas de un fallecimiento que, al acudir a terapia de grupo, comienzan a comparar sus fallecidos a ver cual de ellas lo pasó peor: tu perdiste a tu hijo, pero yo a dos. Sí, pero a ti te dio tiempo a despedirte. No, pero lo mío fue cáncer, etc. Dolorosamente absurdo ¿no? Pues esto es lo mismo. Por eso y solo por eso no es comparable el holocausto con nada. Si lo único que se le ocurre al señor embajador es citar números y sistemas, el señor embajador es uno de los que se benefician del conflicto, a buen seguro. O entonces ¿cuando debería detenerse Israel, al llegar a los seis millones de palestinos muertos? Memo.
¿Qué con quien estoy? ¿No resulta obvio? Como decía Eduardo Haro Teglen: con las víctimas, siempre con las víctimas. Sea quien sea la víctima.
Un saludo
S.

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