Dinero B
Comencemos, -dijo el médico, tratando de hacer reaccionar a Don Gil Pato (Tío Gilito, para los amigos)- por aquellas palabras relacionadas con la esfera afectiva del paciente: dinero, dinerito, dólares, euros, doblones, acciones, bonos, opciones,...
Vale, está sacado de un tebeo, pero debe ilustrar bastante bien cómo es el interior de los desaprensivos que se empeñan en estafar a los pobres compradores de vivienda: es decir, inmobiliarias, entidades bancarias, y particulares especuladores.
Hace unos meses logré comenzar a pagar un pisito (sí, pisito, o más bien, pisisisito, por lo exiguo de sus metros cuadrados). Pero antes de casarme con el banco por una condena (treinta años y un día: jope, ni que hubiera cometido delito de lesa ciudadanía) hube de padecer un viacrucis de visitas a inmobiliarias y bancos, ninguno muy agradable que digamos.
No me extenderé en el asunto de que, como es obvio, más te vale ir vestido adecuadamente si no quieres ser prejuzgado por los empleados, mayormente incultos y prepotentes. No querrán ni hablar contigo si no muestras las señales esperadas de que estás realmente dispuesto a comprar y no eres un desempleado zarrapastroso. Claro que el hábito no hace al fraile, y cuando yo me visto de corbata no noto más abultada mi cartera ni con más euros mi cuenta corriente. Pero bueno, no espero de esta gente demasiada visión de negocio ni que comprendan que, además de maledudado, estos prejuicios no impiden que quien primero se encuentra abajo, quizá mañana se encuentre arriba, y sí que pueda ser un cliente interesante.
Recorrí como treinta entidades bancarias, y como quiera que un servidor y su pareja hacíamos insistentes preguntas tratando de diferenciar un producto de otro, llegamos a ser tratdos de manera hostil: nos lo resumió bien el subdirectro david, de cierta oficina de CajaCagarra. "sois muy preguntones". Se ve que invertir treinta años de cuotas y una pasta considerable no es suficiente motivo para querer las cosas claras, y el chocolate, espeso. Desde aquí, un saludo al Sr. David, con quien tuvimos el gusto de NO contratar, ni querer contratar nunca, ya no solo con él, sino con su entidad. Esperamos que siga tratando a la gente así de mal, y que sus jefes se lo agradezcan, destinándole, por ejemplo, a Groenlandia. Guardo su tarjeta en mi tarjetero y su cara en mi memoria, por si acaso algun día ejerzo de pingüino.
Pero esta entrada iba más sobre inmobiliarias que sobre bancos.
Recorrí casi todas las de mi localidad: en casi todas ellas se me ofreció el mismo producto concreto: un bajo, de cincuenta y pico metros cuadrados, en una urbanización nueva, zonas comunes, no demasiado buena la orientación, piscina, etc. 150.000 euros. ¡Qué barato! Bueno, precisemos que dentro de lo injustamente caro que está el metro cuadrado en la periferia madrileña, este precio no es barato, porque eso ya no existe, pero es resignantemente aceptable y en fin.
PERO, claro, llega el pero. El pero es que la mitad, claro, era en dinero B.
Una y otra vez, en todas la inmobiliarias visitadas estaba tranquilamente plantado este apartamentillo, con sus cualidades y defectos. Y su dinero B. Podemos clasificar a los estafadores de las inmobiliarias en varios grupos, según su desparpajo.
a) El que sabe que no hace bien, pero tiene que dar de comer a sus churumbeles, y de algo hay que vivir. Se muestra tímido, baja la mirada, habla bajo, se le nota incómodo. Algo dentro de él le chilla que eso no se hace, caca, caca. Pero lo sigue haciendo, porque órdenes son órdenes.
b) El que te lo presenta con frialdad profesional: es lo que hay, lo tomas o lo dejas. Yo no pienso perder el sueño, ni el empleo. Cierto cinismo le embarga. Cinismo en el mal sentido, no en el de la corriente filosófica que tanto respeto.
c) Quien se asombra de que no te parezca bien (o no puedas reunir la suma libre de impuestos de golpe). Abren mucho los ojos, levantan la voz: se comportan como si se hubiera presentado ante ellos un fenómeno de la naturaleza. ¡Alguien que se comporta como si no aceptara lo que es normal! ¡Una especie de ingenuo, un ser sobrenatural aislado del mundo!
d) Quien te intenta convencer de sus ventajas: mira chaval, no entiendes lo bueno que es esto. ¿Acaso no ves la de impuestos que te ahorras con este sistema? Piensa en lo beneficioso que es, en lo bien que te viene el dinerillo que te ahorras, je, je.
A parte de que no veo por ningún lado el ahorro, teniendo en cuenta que más tarde o más temprano escriturar por menos se paga, uno se pregunta porqué semejante sujeto no termina en la carcel, con todos los gastos pagados. Sí, yo pago mis impuestos con la ingenua esperanza de poder, algún día, garantizar el abrigo y el rancho a este individuo y a otros como él. En serio, si fuera a la carcel, cosa que espero haga en cuanto se pase de listo, su celda sin calefacción y de rancho medio bocata. Y en cuanto proteste, se le recuerda que, en su caso, el estado no da para más. A fin de cuentas el dinero para mantenerle salía de esos impuestos que no se pagaron ¿no?
El resumen de este asunto es el siguiente: los pisos suben demasiado, más allá de su valor real, lo hacen no solo por la especulación de quien vive comprando por X y vendiendo un año más tarde por X+Y (cosa legal aunque poco ética), sino por la confabulación existente entre bancos, inmobiliarias, y demás agentes de la transacción, que estafan, sí, estafan y roban a los demás.
Seguiría, pero mi teléfono suena, y tengo que coger el Sarumovil para acudir al lugar de un crimen sin culpable.
Un saludo a todos.
Vale, está sacado de un tebeo, pero debe ilustrar bastante bien cómo es el interior de los desaprensivos que se empeñan en estafar a los pobres compradores de vivienda: es decir, inmobiliarias, entidades bancarias, y particulares especuladores.
Hace unos meses logré comenzar a pagar un pisito (sí, pisito, o más bien, pisisisito, por lo exiguo de sus metros cuadrados). Pero antes de casarme con el banco por una condena (treinta años y un día: jope, ni que hubiera cometido delito de lesa ciudadanía) hube de padecer un viacrucis de visitas a inmobiliarias y bancos, ninguno muy agradable que digamos.
No me extenderé en el asunto de que, como es obvio, más te vale ir vestido adecuadamente si no quieres ser prejuzgado por los empleados, mayormente incultos y prepotentes. No querrán ni hablar contigo si no muestras las señales esperadas de que estás realmente dispuesto a comprar y no eres un desempleado zarrapastroso. Claro que el hábito no hace al fraile, y cuando yo me visto de corbata no noto más abultada mi cartera ni con más euros mi cuenta corriente. Pero bueno, no espero de esta gente demasiada visión de negocio ni que comprendan que, además de maledudado, estos prejuicios no impiden que quien primero se encuentra abajo, quizá mañana se encuentre arriba, y sí que pueda ser un cliente interesante.
Recorrí como treinta entidades bancarias, y como quiera que un servidor y su pareja hacíamos insistentes preguntas tratando de diferenciar un producto de otro, llegamos a ser tratdos de manera hostil: nos lo resumió bien el subdirectro david, de cierta oficina de CajaCagarra. "sois muy preguntones". Se ve que invertir treinta años de cuotas y una pasta considerable no es suficiente motivo para querer las cosas claras, y el chocolate, espeso. Desde aquí, un saludo al Sr. David, con quien tuvimos el gusto de NO contratar, ni querer contratar nunca, ya no solo con él, sino con su entidad. Esperamos que siga tratando a la gente así de mal, y que sus jefes se lo agradezcan, destinándole, por ejemplo, a Groenlandia. Guardo su tarjeta en mi tarjetero y su cara en mi memoria, por si acaso algun día ejerzo de pingüino.
Pero esta entrada iba más sobre inmobiliarias que sobre bancos.
Recorrí casi todas las de mi localidad: en casi todas ellas se me ofreció el mismo producto concreto: un bajo, de cincuenta y pico metros cuadrados, en una urbanización nueva, zonas comunes, no demasiado buena la orientación, piscina, etc. 150.000 euros. ¡Qué barato! Bueno, precisemos que dentro de lo injustamente caro que está el metro cuadrado en la periferia madrileña, este precio no es barato, porque eso ya no existe, pero es resignantemente aceptable y en fin.
PERO, claro, llega el pero. El pero es que la mitad, claro, era en dinero B.
Una y otra vez, en todas la inmobiliarias visitadas estaba tranquilamente plantado este apartamentillo, con sus cualidades y defectos. Y su dinero B. Podemos clasificar a los estafadores de las inmobiliarias en varios grupos, según su desparpajo.
a) El que sabe que no hace bien, pero tiene que dar de comer a sus churumbeles, y de algo hay que vivir. Se muestra tímido, baja la mirada, habla bajo, se le nota incómodo. Algo dentro de él le chilla que eso no se hace, caca, caca. Pero lo sigue haciendo, porque órdenes son órdenes.
b) El que te lo presenta con frialdad profesional: es lo que hay, lo tomas o lo dejas. Yo no pienso perder el sueño, ni el empleo. Cierto cinismo le embarga. Cinismo en el mal sentido, no en el de la corriente filosófica que tanto respeto.
c) Quien se asombra de que no te parezca bien (o no puedas reunir la suma libre de impuestos de golpe). Abren mucho los ojos, levantan la voz: se comportan como si se hubiera presentado ante ellos un fenómeno de la naturaleza. ¡Alguien que se comporta como si no aceptara lo que es normal! ¡Una especie de ingenuo, un ser sobrenatural aislado del mundo!
d) Quien te intenta convencer de sus ventajas: mira chaval, no entiendes lo bueno que es esto. ¿Acaso no ves la de impuestos que te ahorras con este sistema? Piensa en lo beneficioso que es, en lo bien que te viene el dinerillo que te ahorras, je, je.
A parte de que no veo por ningún lado el ahorro, teniendo en cuenta que más tarde o más temprano escriturar por menos se paga, uno se pregunta porqué semejante sujeto no termina en la carcel, con todos los gastos pagados. Sí, yo pago mis impuestos con la ingenua esperanza de poder, algún día, garantizar el abrigo y el rancho a este individuo y a otros como él. En serio, si fuera a la carcel, cosa que espero haga en cuanto se pase de listo, su celda sin calefacción y de rancho medio bocata. Y en cuanto proteste, se le recuerda que, en su caso, el estado no da para más. A fin de cuentas el dinero para mantenerle salía de esos impuestos que no se pagaron ¿no?
El resumen de este asunto es el siguiente: los pisos suben demasiado, más allá de su valor real, lo hacen no solo por la especulación de quien vive comprando por X y vendiendo un año más tarde por X+Y (cosa legal aunque poco ética), sino por la confabulación existente entre bancos, inmobiliarias, y demás agentes de la transacción, que estafan, sí, estafan y roban a los demás.
Seguiría, pero mi teléfono suena, y tengo que coger el Sarumovil para acudir al lugar de un crimen sin culpable.
Un saludo a todos.

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